Desde las primeras inmersiones de la jornada, el nombre del Valle resonaba con fuerza en los altavoces, seguido por aplausos y vítores.
Prensa Mindeporte
En el vibrante escenario de la final nacional de los Juegos Intercolegiados, donde la pasión y la determinación se mezclan con la esperanza, el Valle del Cauca escribió una página dorada. La delegación de actividades subacuáticas, liderada por el incansable Aymer Arboleda Vivas, se consagró como el titán indiscutible de la primera jornada, al conquistar 14 de los 16 oros en disputa. Un logro monumental que refleja no solo talento, sino un esfuerzo colectivo que trasciende generaciones y fronteras municipales.
Desde las primeras inmersiones de la jornada, el nombre del Valle resonaba con fuerza en los altavoces, seguido por aplausos y vítores. Cada podio teñido de rojo y blanco representaba una historia de sacrificio, entrenamiento arduo y sueños compartidos. Niños y jóvenes, algunos con apenas 13 años, brillaron con la madurez y el temple de verdaderos campeones.
Aymer, con la humildad que caracteriza a los grandes líderes, atribuyó el éxito a una preparación meticulosa y un enfoque formativo que abarca más allá de Cali. "Este triunfo es el resultado del trabajo constante en municipios como Pradera, Palmira y Cuba", explicó. Su visión de descentralizar el talento y construir bases sólidas ha permitido que este equipo joven, aunque inexperto, compita con el corazón y la disciplina de veteranos.
Para Aymer, la clave no radica solo en entrenar duro, sino en enseñar a los jóvenes a abrazar el proceso: "Es un camino de aprendizaje. Lo importante es que estos chicos entiendan que su mejor rendimiento llegará cuando alcancen su plenitud biológica". Esta filosofía no solo ha moldeado campeones juveniles, sino que ha sembrado las semillas para futuras glorias nacionales e internacionales.
El Valle del Cauca no es extraño a la victoria, pero este año superó expectativas. "Sabíamos que era una buena jornada, pero el carácter y la voluntad de nuestros deportistas han hecho que sea mejor de lo presupuestado", comentó Aymer, con una mezcla de orgullo y gratitud hacia su equipo.
Estos jóvenes, cuyas edades oscilan entre los 13 y 17 años, llevan consigo el peso de una tradición ganadora y la responsabilidad de mantenerla viva. Sin embargo, para ellos, el oro es más que una medalla: es el reflejo de noches de esfuerzo, de madrugadas de entrenamiento y de una pasión que arde en sus corazones.
En este emocionante inicio de las competencias, el Valle del Cauca ha demostrado que no solo compite, sino que inspira. Sus victorias no son solo para ellos, sino para todo un país que encuentra en su ejemplo un motivo de orgullo y esperanza. Porque detrás de cada oro, hay un mensaje claro: con trabajo, disciplina y unión, no hay meta inalcanzable.
Y mientras el sol se oculta sobre las aguas que fueron testigo de su grandeza, el equipo del Valle se prepara para lo que viene, sabiendo que el verdadero oro no está en las medallas, sino en el corazón de quienes dan todo por sus sueños.
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